Reducir el desperdicio alimentario es uno de los grandes retos del sector alimentario actual. No se trata solo de una cuestión económica o medioambiental, sino también de seguridad. Aprovechar mejor los alimentos es positivo, pero hacerlo sin control puede aumentar los riesgos de contaminación y afectar a la salud del consumidor.

La clave está en equilibrar sostenibilidad y seguridad. No se puede reducir el desperdicio a costa de relajar las normas higiénicas ni alargar indebidamente la vida útil de los productos. Por eso, las estrategias más eficaces combinan buenas prácticas de gestión, formación y tecnología.

Una de las primeras medidas es planificar la producción y el almacenamiento. Ajustar las cantidades a la demanda real evita excedentes que, con el tiempo, acaban desechándose. En comedores colectivos o establecimientos de restauración, esto implica revisar menús, raciones y rotación de inventarios. Aplicar el principio FIFO (First In, First Out) sigue siendo una herramienta sencilla y muy eficaz para reducir pérdidas.

También es esencial controlar correctamente las temperaturas y los tiempos de conservación. Muchos desperdicios se producen por fallos en la cadena de frío o por desconocimiento de los límites de seguridad tras la apertura de envases. Un registro fiable y una verificación periódica de equipos ayudan a minimizar estos errores.

En el ámbito doméstico y en las empresas de alimentación, otra estrategia útil es diferenciar correctamente entre “consumir preferentemente antes de” y “fecha de caducidad”. Muchos alimentos se desechan innecesariamente por confundir ambos conceptos. El primero se relaciona con la calidad; el segundo, con la seguridad.

Además, cada vez más empresas aplican la revalorización de excedentes dentro de criterios seguros: transformar productos que ya no pueden venderse frescos (por ejemplo, frutas maduras convertidas en mermeladas o zumos), siempre que se mantengan las condiciones higiénicas y se cumplan los requisitos legales.

Reducir el desperdicio es posible sin comprometer la inocuidad. Requiere formación, planificación y una cultura de seguridad bien asentada en todos los niveles del proceso.

En CSA ayudamos a las empresas a desarrollar planes integrales de gestión alimentaria, que combinan eficiencia, sostenibilidad y seguridad. Desde la formación de los equipos hasta la implantación del APPCC, trabajamos para que cada alimento se aproveche al máximo sin poner en riesgo la salud del consumidor.

CSA Seguridad Alimentaria: menos desperdicio, más control, más confianza.

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